Como el cerebro controla las crisis: el equilibrio entre frenos y aceleradores
Un sistema en equilibrio: la clave para entender la epilepsia
Se estima que más de 50 millones de personas en el mundo conviven con esta condición, lo que la convierte en uno de los trastornos neurológicos más comunes. A pesar de ello, estudios indican que hasta el 70% de los pacientes pueden llevar una vida activa y productiva cuando reciben un tratamiento adecuado.¹,²
Para entender la epilepsia, es importante comprender cómo el cerebro regula su actividad eléctrica, un sistema que funciona como un equilibrio entre “frenos” y “aceleradores” neuronales.¹,²
El equilibrio eléctrico del cerebro
El cerebro funciona mediante impulsos eléctricos entre neuronas, controlando pensamientos, movimientos y sensaciones. En condiciones normales, este sistema mantiene un equilibrio entre señales que estimulan la actividad cerebral (aceleradores) y señales que la inhiben (frenos).¹,²
Cuando este equilibrio se altera, puede producirse una actividad eléctrica anormal que desencadena una crisis epiléptica.¹,²
Estas crisis pueden manifestarse de diferentes formas:
- Crisis convulsivas, con movimientos involuntarios, como rigidez muscular y temblores;
- Crisis no convulsivas, por ejemplo, caracterizadas por alteraciones de la conciencia o del comportamiento.
Qué puede desregular este sistema
Diversos factores pueden interferir en este equilibrio eléctrico del cerebro. Entre las causas más comunes de la epilepsia se encuentran:¹,²
Alteraciones genéticas, que afectan el funcionamiento de las neuronas;
Lesiones cerebrales, como traumatismo craneoencefálico o accidente cerebrovascular;
Infecciones del sistema nervioso central, que pueden comprometer la actividad cerebral.
En algunos casos, sin embargo, no se identifica una causa específica, lo que demuestra la complejidad de la enfermedad.¹,²
Impactos más allá de la actividad cerebral
Aunque las crisis son el aspecto más visible de la epilepsia, los impactos de la enfermedad van más allá del funcionamiento del cerebro. Muchas personas enfrentan estigma social, discriminación y barreras en el acceso al tratamiento, factores que pueden afectar significativamente la calidad de vida.¹,²
En América Latina y el Caribe, más de la mitad de las personas con epilepsia no recibe una atención sanitaria adecuada, lo que dificulta el control de las crisis y aumenta los riesgos asociados a la enfermedad.²
Además, la epilepsia está vinculada a una mayor morbilidad y mortalidad, tanto por causas directas, como el estado epiléptico, como por factores indirectos, como traumatismos y comorbilidades psiquiátricas.¹
La importancia del tratamiento y la información
El control de las crisis depende de un diagnóstico adecuado, el acceso a medicamentos anticonvulsivos y el seguimiento especializado.
Organizaciones como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han reforzado la importancia de políticas públicas y programas de atención a la epilepsia para ampliar el acceso al tratamiento.¹,²
Con información, seguimiento médico y tratamiento adecuado, es posible controlar las crisis en una proporción significativa de los pacientes y mejorar la calidad de vida de las personas con epilepsia.¹,²
Referencias:
1. World Health Organization (WHO). Epilepsy. Disponible en: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/epilepsy. Consultado el: 16 mar. 20262.
2. Pan American Health Organization (PAHO). Epilepsy. Disponible en: https://www.paho.org/en/topics/epilepsy. Consultado el: 16 mar. 2026.